El proceso evolutivo del minibaloncesto en Colombia, históricamente, ha sido mediado por cuatro factores para su promoción y desarrollo. El primer factor son los entrenadores. En general, personas con muy buena voluntad e intenciones, pero con pocos conocimientos específicos para el trabajo con niños y niñas, debido a la baja cualificación y a la escasa capacitación adecuada.
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El segundo factor, los jugadores. Son niños con analfabetismo motriz: con pobres e inespecíficos prerrequisitos motrices genéricos para iniciar el proceso del minibaloncesto. Estos prerrequisitos deberían ser construidos en la clase de educación física, pero no los son, porque esta asignatura en la educación pública tiene poca intensidad horaria y generalmente no es dictada por una persona formada académicamente.
El tercer factor es el contenido de los cursos de capacitación. Durante los últimos 30 años –hay algunas excepciones– se ha manejado el imaginario que “el niño es un adulto en miniatura”. Esta visión reduccionista ha llevado a la realización de cursos donde el conocimiento es presentado indiferentemente para cualquier edad, desconociendo las diferencias que hay en los procesos de desarrollo y maduración biológica a nivel motriz y cognitivo entre niños y adultos.
Afortunadamente, para el 2021 la Federación Colombiana de Baloncesto lanza un proceso de capacitación específico denominado Primer Diplomado de minibaloncesto.
Cuarto factor, la competencia. Generalmente es escasa y se desarrolla en canchas con aros a 3,05 metros de altura, en situaciones de 5 vs 5 y con pisos poco amigables para las y los jugadores de mini.
Por último, vale la pena destacar la sanción de la Ley del Entrenador Deportivo, en junio de 2020, para determinar el nivel de cualificación de la persona que asume el rol de entrenador. La ley busca dignificar su trabajo, proteger a los deportistas y garantizar la formación, capacitación y actualización de los profesionales a cargo de entrenamientos, prácticas y clases de educación física.
El entrenador Maxi Seigorman analiza métricas y propone prácticas específicas para que los jugadores recuperen eficacia desde detrás de la línea de tres.
Después de miles de horas en cancha, más de 20 años de docencia y viajes por el mundo, el entrenador Pablo Genga lanzó su primer libro.
El Lic. en Psicología Mariano José Costa señala que el rol de un jugador se construye en la intersección entre lo que el jugador hace, lo que el entrenador espera y lo que los compañeros necesitan.
Una revisión estadística sobre la actuación de las selecciones argentinas de la última década demuestra que esa afirmación tan escuchada puede no ser tan precisa.